Tardes de lluvia y palomitas

Lluvia tras el cristal, by Daphne

Lluvia tras el cristal, by Daphne

Atisbé un rayo de primavera y cuando fui a alcanzarlo, ya se había ido.

Ha empezado la primavera hace un par de semanas (o eso dicen los escaparates de las tiendas de ropa) y el mismo día de su llegada, en un rinconcito del centro de Inglaterra, como una broma de mal gusto, comenzó a nevar como nunca había nevado.

Cada vez que alguien me pregunta cómo puedo soportar vivir en un país dónde todo el día esta lloviendo, siempre defiendo que no es cierto. “Por ejemplo, hoy  ha salido el sol por la mañana  y la temperatura ha sido de 19 grados, por la tarde ha llovido y la máxima fue de 5,  y la noche está siendo bastante cálida. Sin embargo, ayer simplemente nevó….”

Y sí, entiendo que la nieve es bonita y divertida, especialmente para aquel que nunca la ha disfrutado antes, pero estas montañas de algodón de azúcar no tienen tanto encanto en el mes de abril, cuando tus amigos empiezan a colgar en las redes sociales sus fotos en la playa y recuerdas que antes de venir aquí, tú no tenías trabajo pero tenías una vida con la que estabas tan feliz  y moreno como ellos lucen en sus instantáneas. Porque esa es otra… la última vez que volví a España, alguien me preguntó si mi color de piel se debía a una preparación exhaustiva para protagonizar la precuela de Crepúsculo.

Primavera en Warwickshire,  by Daphne

Primavera en Warwickshire,
by Daphne

Volviendo al tema de esta primavera que no termina de llegar, otra cosa que me sorprende es que, en un país acostumbrado a la nieve, cada vez que caen un par de metros de agua congelada, paralicen sus vidas por completo:  cierran  colegios, trabajos y centros comerciales; nadie sale a las calles si no es para jugar con el trineo…y los coches no usan cadenas. Supongo que dado el estado general de las carreteras del país, conducir es ya de por sí  un deporte de riesgo  con lo que un poco de nieve no es más que una emoción añadida.

Hablemos ahora de la lluvia…. Lejos de lo apetecible que pueda sonar el nombre de este post, la lluvia cansa, estresa, quema, y moja. Sobre todo cuando los edificios son bajos victorianos, las calles anchas y las marquesinas de autobús no tienen un techo dónde resguardarte en lo que llega el gigante de dos pisos.  Y aquellos que sean de Galicia o Santander estarán pensando que un poco de agua tampoco hace daño a nadie, pero es  que la lluvia inglesa no es como la española. Aquí es dañina, cansina, reiterativa….y alimenta abundantemente  al río por el que pasas cada día (y cuyo nombre aun no te has molestado en descubrir) y que te mira desafiante, amenazando con desbordarse cualquier día de estos y convertir tu pequeña ciudad inglesa en una réplica veneciana con olor a Fish and chips. Lo peor de la lluvia es, sin duda,  cuando llegas a cualquier sitio con los pies empapados y oliendo a humedad porque llevas un año en Inglaterra y sigues negándote a asumir que tienes que tirar tus viejas y desgastadas Converse para comprarte algo más “british”  como unas HUNTER de colores.

 

Hunters

Hunters

Y este es otro aspecto curioso de la vida en Inglaterra. La gente está tan costumbrada a la lluvia, que a ellos no les moja. Los ingleses están hechos de un material que repele la lluvia y el frío (de ahí que las mujeres  inglesas salgan  a la calle en bragas los fines de semanas y los hombres en manga corta). Un españolito de a pie está acostumbrado a coger su paraguas y chubasquero,  refugiarse bajo un generoso balcón y continuar su camino. Pero no en Inglaterra dónde los balcones no son necesarios (puesto que no hay sol) y los paraguas son un bien escaso e innecesario pues la abundancia de viento acaba con ellos fácilmente.
Bajo este panorama, y teniendo en cuenta que todo cierra a las 5, que mejor plan para una tarde de lluvia que una buena peli, mejor compañía, y una bolsa de palomitas con una taza del mejor té.  Importante: leer bien el argumento de la pelicula antes de optar por una obra maestra de la ciencia ficción, en inglés y sin subtítulos, que vaya a dejarnos más confundidos de lo que estabamos antes de empezar la misma.

Pero Como decía, ha empezado la primavera. Y bien e cierto que salir a la calle en manga corta ante la perspectiva de un bonito dia de sol, es asumir el riesgo de que comience a tronar, diluviar y que el dios Céfiro no se apiede de ti. Al mal tiempo… buena cara (o un paraguas!).

Al mal tiempo...buena cara! by Daphne

Al mal tiempo…buena cara! by Daphne

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Muerte entre las flores

Odio acostumbrarme tanto a un lugar que ya nada te sorprenda. Llevo tan solo seis meses aquí y si viera un elefante púrpura volando sobre una lavadora, pensaría que está haciendo prácticas de vuelo y haría la vista gorda. Así, cuando un día cualquiera yendo a ninguna parte, escuché al otro lado de unos arbustos las risas inocentes de unos niños y el continuo chismorreo  de varias mujeres jóvenes, no me extrañó al comprobar que me encontraba ante el cementerio de mi nueva ciudad inglesa.

La primera prueba de que los ingleses son fríos (porque lo son) es la indiferencia que un lugar así les produce. Y es que el concepto de cementerio para los ingleses, no tiene nada que ver con el nuestro. Mientras que en España un cementerio es un lugar sacro, doloroso, traumático y un tanto inquietante (en resumen, da muy mal rollo); en  Inglaterra la gente pasea alegremente a sus perros (que orinan sin ningún pudor sobre las antiquísimas lápidas de piedra) o un corredor se detiene a saborear el aire fresco. Grotesco.

Lo cierto es que  la idea de deambular alegremente entre muertos de hace más de un siglo, no me seducía demasiado, pero a la vez no dejaba de intrigarme el hecho de que varios adolescentes se prometieran amor eterno  y deshojaran margaritas en un lugar tan poco acogedor (aunque indudablemente apacible). Pero luego decidí que si estos camposantos  habían sido cuna de obras como las de  Lord Byron y Gustavo Adolfo Bécquer, ver de cerca  la muerte entre las flores no podía ser lo peor que me pasara en este país. Y bien visto, tampoco había nada mejor que hacer en Inglaterra a las seis de la tarde. Así que, como  buena española y refranera que soy, me apliqué el “donde fueres haz lo que vieres” y me uní al turismo cementerístico por Inglaterra…. y confieso que no fue del todo mal.

by Daphne

Cementerio de Leamington Spa, by Daphne

Uno de mis favoritos es, sin duda alguna, el archiconocido  Arnos Vale, situado a medio camino entre Bristol y Bath. Esta necrópolis victoriana diseñada por el arquitecto Isambard Kingdom Brunel (al igual que el barco más turístico de la ciudad y el puente colgante de Clifton, también en Bristol) data de 1837 y su construcción se debe a una epidemia de cólera que asoló la ciudad en 1832. A pesar de albergar infinidad de   emblemáticas tumbas de los caídos en la Primera Guerra Mundial y la Guerra de Crimea, así como monumentos póstumos ( la tumba del reformador social hindú Raja Rammohun Roy),  el cementerio cayó en el olvido y el deterioro, hasta que en 2003  grupos locales con ayuda de la BBC decidieron restaurarlo y convertirlo en lo que es ahora, una de las atracciones más turísticas de la ciudad de Bristol.

monumento a Raja Rammohund Roy, by Daphne

Monumento a Raja Rammohund Roy, by Daphne

Nada más entrar, se respira una calma inusual, huele a hierba fresca y sorprendentemente se respira vida. Naturaleza salvaje entre las piedras. Colores vivos entre el gris lápida. Flores de colores entre ángeles caídos. Savia fresca que se hace paso a trompicones entre las ramas secas. Un sinfín de contradicciones que hacen de estos lugares una delicia para la reflexión, dónde los pensamientos e ideas fluyen sin control, sin que nadie corte sus alas. He visitado criptas, iglesias, caminos repletos de árboles y secretos; confieso haber recorrido las tumbas una a una  y haberlas leído en su mayoría con una exquisita mezcla de morbo artístico y curiosidad  histórica, admirando la bella caligrafía, leyendo las fechas de nacimiento y muerte, las causas… Y entonces me sentí confusa y derrotada. ¿Qué estaba haciendo exactamente? ¿Era esto un paso más a la adaptación en Inglaterra? Me entraron ganas de salir corriendo, de borrar las fotografías, de no volver a recordar jamás que había estado allí y, lo peor de todo,  que me había gustado…

Y en mi intento fracasado de huida, algo me hizo girarme y permanecer allí.  Un niño derramó su refresco sobre una antigua y mohosa lápida del cementerio de Warwick. Se hizo el silencio por un instante mientras un halo de misterio y oscuridad parecía envolverlo todo. Y de repente, todo volvió a la normalidad de unos segundos antes. Se retomaron las risas y la juventud. Volvió a latir la vida entre el silencio sepulcral.  Al fin y al cabo, ya nadie echa de menos  a alguien que murió en 1890.

By Daphne

Arnos Vale, Bristol. By Daphne

* Fotos tomadas en los cementerios de Leamington Spa y Bristol, por Daphne55.